martes, 21 de noviembre de 2017

5 errores en la Intervención social para el cambio

Una intervención social se inicia con la valoración y el diagnóstico. Hay algunas preguntas que cada vez retumban con más fuerza en mi cabeza:

  • ¿En la valoración qué es interesante explorar una visión de conjunto, cuestiones concretas…?
  • ¿Las personas cambiamos?
  • ¿Nos creemos que somos un sistema, con derechos garantizados, o un nivel de atención?
  • ¿Tenemos claro cuál es el objeto del sistema de Servicios Sociales?
  • ¿Qué conviene, atenciones reactivas o proactivas?

Empezando con el título del post, el primero de los errores es dar atenciones parciales, olvidando una valoración integral, completa. 

Atender un solo aspecto de los varios que completan la calidad de vida como constructoEs muchísimo más útil tener una visión global del caso, de las debilidades y fortalezas de la persona en cuestión. Dónde sería necesario intervenir y realmente útil.

Ejemplo: sirve de poco trabajar la incorporación sociolaboral en una persona que no maneja con soltura nuestro idioma, aunque lo parezca. Es más útil derivar a alfabetización e ir trabajando otras cuestiones necesarias y útiles aunque todavía no fundamentales para un cambio en profundidad

Habitualmente para la valoración social utilizo dos instrumentos:

  1. El diagnostico social del Gobierno Vasco en su versión de "Sólo Valoración de la Exclusión". Un instrumento a disposición de todos los profesionales. Son 75 ítems que ayudan a tener una visión general de la persona antes de intervenir. La aplico con cierta rapidez. Ya en la oficina hago un análisis más exhaustivo tratando de detectar debilidades y fortalezas para plantear la intervención.
  1. En atención a domicilio utilizo la escala Básika de valoración social. Un instrumento que hemos creado en Navarra en el marco del espacio sociosanitario. Donde puntúan 65 ítems (modelo similar al del Gobierno Vasco, lo imitamos). Estamos en proceso de validación.
                                 
Los instrumentos de valoración permiten tomar contacto con la realidad a partir de una recogida estructura de información con un lenguaje común. Es realmente sorprendente la fuerza de cualquier informe o conclusión diagnóstica que se desprende de su aplicación y análisis y la posterior propuesta de intervención. Aunque hay que trabajar el lenguaje descriptivo frente al interpretativo, distinguir lo objetivo de la subjetivo, lo real de lo imaginario.



Otro de los errores más comunes es pensar que las personas no cambiamos. En mi experiencia el acompañamiento social provoca pequeños cambios que debidamente estimulados (desde la motivación de la persona atendida) y con el compromiso suficiente llegan a producir verdaderas transformaciones, aunque no se noten de manera inmediata. 


Una semilla tarda en germinar y necesita cuidados.


Ahora bien, debo admitir que la mayoría de las veces se muestran muchas reticencias al cambio debido el esfuerzo que precisa,... por eso tenemos esté trabajo, si fuera sencillo ¿haríamos falta?


En relación al cambio, hay varias cosas que todos hacemos a diario. Pequeños cambios  para seguir vivos/as y hacia adelante. No suponen un avance, pero impiden el retroceso (asearnos, vestirnos, comer, respirar, etc.). 

Hay otra serie de cambios cuando se produce un suceso estresante, una rotura, una interrupción en nuestro ritmo habitual, algo que debemos "arreglar" para mantener nuestra situación habitual (normal): nos quedamos sin ingresos, sin paro, ni subsidio y debemos acudir a servicio sociales a por una renta garantizada. ¿Os suena?

Enlazando con esa prestación, albergamos dudas  sobre si trabajamos en un sistema que garantiza derechos reconocidos por ley o si atendemos más o menos "graciosamente" a una cuadrilla de caraduras. Verbalizamos lo primero, pero ¿conocéis compañeros y compañeras en el segundo caso?, ¿tenemos integrado el concepto garantizar derechos?

Me viene a la cabeza la idea del profesor Aguilar, en relación a nuestra identidad, sobre si hacemos referencia a un

 “pilar (sistema) a un campo vertical, definido por la parte de las necesidades de que se ocupa; y nivel, a un campo horizontal definido por el sector de población al que protege(Aguilar Hendrickson, 2014)
Una cita interesante, ¿nos creemos que somos un sistema, o atendemos todo lo que llega, lo que "nos cae" de otros sistemas?. Viene a plantear el siguiente de los errores. ¿Sabemos a ciencia cierta cuál es nuestro objeto de intervención?. 
Alucino con las cosas que nos llegan a Servicios Sociales de Atención Primaria y a lo que se pretende que demos respuesta. 

O cuestiones que tenemos incorporadas: tramitar pensiones de la Seguridad Social. ¿Pensáis que en la Seguridad Social tramitarían las rentas garantizadas?, o el bono de telefónica, o el de la luz, u otros que cada vez parecen más una especie de gestión de lista de morosos, ahora por obligación legal con el "decretazo eléctrico". Por cierto, habrá que agradecerles que nos definan qué es vulnerabilidad y exclusión.    ¿Os parece una desfachatez?, a mi sí.

Al hilo de esto pero cambiando de registro.

Una pequeña anécdota: en mi servicio nos enfadamos cuando algún vecino o vecina, normalmente voluntariado, nos trae alimentos entregados (del banco de alimentos) que estaban en un contenedor. No me canso de preguntas: ¿pero a las personas beneficiarias les damos lo que piden o necesitan, o aquello que nos ofrecen desde esa entidad u otras?. Como son pobres, ¿tienen que comerse todo lo que les damos?, ¿un estado de derecho debe dar lo que sobra o garantizar derechos?, aquí nos comportamos como un nivel de atención. ¿Esto es lo que queremos?, ¿Es lo que necesita la ciudadanía?


Por último, echo en falta cierto grado de procedimentaciónLos modos de funcionamiento que conozco son, en general, reactivos. 

Las personas cogen una cita cuando quieren algo. 

Por ejemplo, la renta garantizada exige un primer contacto para detectar la demanda (10-30 minutos, en función de los servicios) y pedir documentación para su tramitación. Importante incorporar la creación del vínculo (rapport, del francés, relación)

En mi opinión, una renta garantizada una vez hecho el primer contacto e identificada la demanda (no la necesidad), sin entrar en profundidad, precisa las siguientes citas consecutivas:

  • Segunda: realizar la solicitud (20 minutos).  Viendo la documentación y si tiene derecho a tenor de los datos "obrantes".
  • Tercera: hacer la valoración social (30-60 minutos). Podemos unir la segunda y la tercera pero diferenciando las partes. También es posible alterar el orden. Yo la aplico así normalmente, aunque no siempre por aquello de la realidad dinámica.
  • Cuarta: estudio de la valoración  en el despacho, con conclusión diagnóstica, y propuesta de plan de caso (60 minutos).
  • Quinta: cita para acordar plan de trabajo con la persona beneficiaria (30-60 minutos). En qué estamos de acuerdo. Determinar, objetivo u objetivos y tiempo de trabajo a corto plazo que evalúe la motivación al cambio real, su desempeño, estableciendo los contactos necesarios y su forma (cita individual, grupal, tfno, wasap, etc.). 
Con varias entrevistas, con varios casos atendidos podemos detectar aspectos comunes y  trabajarlos en grupos. Es necesario contrastarlo en y con el equipo antes de proponerlo a las personas usuarias.

A modo de resumen, entiendo que tenemos un trabajo complicado. Exige tiempo y precisión en el análisis y la propuesta. Por supuesto que son necesarias atenciones puntuales y reactivas donde no sea preciso cuestionarse grandes cosas. 
Una crítica que os plantearéis al leer la última parte es ¿de dónde sacamos tiempo? Una buena pregunta, sencilla y cuya respuesta requiere bastante elaboración y propuestas prácticas con alto componente reivindicativo. 

Nos va la marcha ¿no?

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